Se cumplen tres meses del asesinato de Bárbara Simón.
Hasta hace pocos días la consigna popular y de la familia, era que aparezca el asesino.
El Juez de la causa, se supone que con los elementos provatorios necesarios, ha resuelto imputar a Gustavo Mendoza, uno de los sospechados desde el comienzo de la investigación.
En cascada, se espera, llegarán mas citaciones para declarar y no sería extraño que, con el correr de los días, haya alguna detención más.
En etapa de secreto sumarial, los letrados que representan a las familias Simón y Mendoza esperan que se abran los expedientes para poder, fundamentalmente en el caso del imputado, armar una estrategia que vaya más allá de la negativa a declarar.
Mientras tanto, ayer se realizó lo que en principio debió ser una marcha para agradecer el incipiente pero efectivo esclarecimiento del crímen. Lamentablemente todo terminó frente al domicilio de Mendoza, con las consecuencias previsibles: excesos que en nada colaboran para que el dolor comience a menguar.
Nada va a devolver la vida a Bárbara. Esto estan cierto como irreversible. ¿Que nos queda, entonces?
A la sociedad, creer que la justicia se encargará de castigar al o los responsables. El Juez Rizzardi cuenta con un buen crédito en ese sentido y hasta ahora no lo ha malgastado, todo lo contrario: las pruebas están a la vista.
A la familia, comprender que no soluciona nada agregar más dolor.
La furia y el descontrol solo harán disminuir el apoyo que tanto necesitan los Simón.
Es hora de empezar a elaborar el duelo, como dice un comentario que aparece en este Blog. La muerte de un hijo es un tiro por la espalda para lo que no estamos preparados, pero éste es el tiempo de llorar por la hija ausente.
Seguir de cerca la investigación, por supuesto, pero comenzar a abrir los ojos a la realidad.
El tiempo hará su trabajo y la paz llegará en su momento y con naturalidad.... y Bárbara resucitará para vivir nuevamente junto a sus seres queridos.
Luis Blanco