Fuiste cóndor de mi barrio volando por las alturas
con ojos quizás águila mirando siempre al mas allá
en tu ser brillaba la humildad junto a tus ojos límpidos y puros
los cuales destilaban amor.
Fuiste el fruto ya maduro mientras que el árbol de la vida
su savia te brindaba para ser un gran dirigente.
Pero un suceso triste de un invierno sombrío
quebró tus alas vigorosos y aquel cóndor cayo,
su vuelo se quebró.
Tu corazón herido lucho desesperado
para ganar esa vida que se quería escapar.
Impotente la ciencia lucho con todas sus fuerzas,
pero el gran cóndor ya no volvería a volar.
Fugaz como inesperada fue tu partida,
tan fugaz como una ráfaga que pasa
el eco de tu adiós se perdió en la lontananza.
Nos dejaste inmóviles, incrédulos
pero al pasar los minutos, las horas
fue dejando entre nosotros el amargo sinsabor
sepultando ante tinieblas la triste realidad.
Lloraron tus amigos todos, junto a tu glorioso Sportivo
desangrando pupilas por las calles tristes y dormidas que nunca te verán.
Turbulentas aguas de miradas sombrías
se agitan con ansias locas de llorar.
El fin de una tragedia puso alas de sueño
y en una nube roja y verde te echaste a volar.
Tus ojos se cerraron, la muerte te envolvía y el Sportivo,
tu Sportivo te vería con alas de cóndor, volando hacia el más allá.
con ojos quizás águila mirando siempre al mas allá
en tu ser brillaba la humildad junto a tus ojos límpidos y puros
los cuales destilaban amor.
Fuiste el fruto ya maduro mientras que el árbol de la vida
su savia te brindaba para ser un gran dirigente.
Pero un suceso triste de un invierno sombrío
quebró tus alas vigorosos y aquel cóndor cayo,
su vuelo se quebró.
Tu corazón herido lucho desesperado
para ganar esa vida que se quería escapar.
Impotente la ciencia lucho con todas sus fuerzas,
pero el gran cóndor ya no volvería a volar.
Fugaz como inesperada fue tu partida,
tan fugaz como una ráfaga que pasa
el eco de tu adiós se perdió en la lontananza.
Nos dejaste inmóviles, incrédulos
pero al pasar los minutos, las horas
fue dejando entre nosotros el amargo sinsabor
sepultando ante tinieblas la triste realidad.
Lloraron tus amigos todos, junto a tu glorioso Sportivo
desangrando pupilas por las calles tristes y dormidas que nunca te verán.
Turbulentas aguas de miradas sombrías
se agitan con ansias locas de llorar.
El fin de una tragedia puso alas de sueño
y en una nube roja y verde te echaste a volar.
Tus ojos se cerraron, la muerte te envolvía y el Sportivo,
tu Sportivo te vería con alas de cóndor, volando hacia el más allá.
Héctor Luis Giorgini
2 comentarios:
mas pasa el tiempo mas te extrañamos maestro! ojala algun dia dios nos explique cual era su apuro y ahi podre calmar mi dolor.
que sabias palabras el comemtario 23:31...
cuanto duele el alma al recordarlo..
amigo cuanto te extrañamos!!!
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