Se abrieron los pétalos de la escenografía de a cargo de Juan Carlos Baglietto y el violinista Nestor Garnica salió a lucir sus dotes
musicales.

Cada noche del festival es única e irrepetible y uno se encuentra con el privilegio de eswcuchar canciones hermosas como las de Rafael Amor, que hablan de paz e igualdad social, acompañado por su hijo Salvador.
Luis Salinas ovacionado, dedicando su recital a la negra Sosa.
Un apellido más que conocido llegó de la mano de Los Carabajal, a pura chacarera y fiesta santiagueña.
Entrada la madrugada, se sentia la brisa fresca que caracteriza las noches en la Próspero Molina, y llegan al escenario Leon Gieco y todo el equipo de Mundo Alas. Cantores, músicos, dibujantes, bailarines, todos con capacidades diferentes, tuvieron su lugar.
La magia estaba presente. La emoción y el reconocimiento se sintió en toda la plaza.
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