El lunes último, los vecinos de San Jorge damnificados por el uso de agroquímicos presentaron un amparo con fundamentación técnica, estudios sanitarios y evidencia de daños ocasionados por los plaguicidas. El juez Tristán Martínez concedió la medida cautelar que fijó un área de exclusión para las aspersiones.
En el orden nacional los representantes legales del Grupo de Reflexión Rural (GRR) solicitaron a la Justicia federal que se investiguen los procesos de aprobación de los plaguicidas. De esa forma se trasladarían los principios de protección evaluados en el barrio Ituzaingó Anexo hacia el resto del país y se plasmaría en el freno preventivo del uso de tóxicos.
Según los ambientalistas el principal escollo que encuentran los legisladores a la hora de tomar decisiones es la presión de las empresas multinacionales y del sector productivo.
EL MODELO. La soja ocupa el primer lugar de los bienes de exportación en la Argentina. El crecimiento continuo de la superficie de siembra, la evolución técnica de las semillas modificadas genéticamente para tolerar el uso de herbicidas y el uso de tecnologías de siembra directa simplificaron el proceso de las explotaciones agrarias del país. La mejora de los rindes y las condiciones de mercadeo internacionales a precios extraordinarios trajo aparejado el aumento de producción en virtud de la expansión de la frontera de siembra, entre otras variantes.
Con ello, se avanzó sobre otro tipo de producciones, y la soja ganó espacio a la ganadería, la lechería, los cinturones hortícolas, los montes, se instaló a la vera de las rutas de la pampa húmeda y hasta ingresó a la zona de islas. Al gran crecimiento de la producción sojera se sumaron otros impactos, como el empleo masivo de plaguicidas y fertilizantes, denunciados por sus presuntas consecuencias para la salud de la población y el ecosistema, principalmente el de las poblaciones aledañas a campos agrarios.
Para algunos especialistas, el fenómeno se acerca a un "genocidio" que se oculta tras el manto de éxito del modelo agroexportador y de los índices récord de cosechas.
Un documento elaborado por GRR (una ONG que estudia estos fenómenos) menciona al cáncer, abortos espontáneos, malformaciones congénitas, lupus, problemas renales, enfermedades respiratorias y dermatitis, entre otras afecciones, como consecuencia de un modelo de producción que conlleva el uso masivo de químicos.
LOS PRODUCTOS. El herbicida más utilizado en la Argentina es el glifosato, aunque también se emplea 2,4-D (herbicida) y endosulfán (insecticida) para los sembrados de soja, maíz, papa, algodón y maní, entre otros. El primero tuvo en sus distintas formulaciones el beneplácito del sector productivo por su alta eficacia en el control de malezas y por el argumento de su baja toxicidad (se habló incluso de inocuidad) y biodegradabilidad a las pocas horas de aplicado.
Sin embargo, para el biólogo Raúl Montenegro, la clasificación del nivel de toxicidad y la consecuente legislación, se apoyan en un protocolo estandarizado que mide la dosis letal (LD-50) necesaria para matar a la mitad de los animales de laboratorio expuestos al químico. "Ese método protege a las personas de las dosis letales y no contempla los efectos de las intoxicaciones agudas por pequeñas dosis", explicó.
Para el especialista "ese es el trasfondo dramático. Se elaboran y sancionan leyes que no sirven para proteger la salud. Por lo tanto, los municipios deben recurrir a las franjas de exclusión, aunque tampoco garantizan totalmente la protección a la salud de la población".
Fuente: La Capital
1 comentario:
mirá la carita que tiene el doctor, me parace que le pegó mal el plaguicida sin soda
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